“2008-2010
Bicentenario de la Independencia y Centenario
de la Revolución, en la Ciudad de México”.
Cuajimalpa de Morelos, D. F., 01 de noviembre del 2009
Boletín No. 021
Atención
Jefe de Información y/o
Reportero de la Fuente
CELEBRACIÓN DEL DÍA DE MUERTOS EN CUAJIMALPA
•Ofrendas domiciliarias para recibir la “cera”, tradición de generaciones que se realiza en los pueblos de la demarcación.
La entrada de la casa abierta completamente con un camino de pétalos de flores y veladoras, da la bienvenida a los familiares y visitantes del hogar con música y canciones de “arrieros”, de banda, mariachis, tropical o algún género alegre que pueda cantarse o bailar en estos días de fiesta, en este Día de Muertos en Cuajimalpa.
El aroma del incienso quemado con ocote sobre carbón al rojo vivo y el de cirios encendidos, se entremezclan con los diversos platillos de comida, las flores de cempazúchitl y el diente de león que no tienen competencia en su intenso colorido con el papel picado que adornan la Ofrenda de Muertos, que llega a ocupar desde una mesa, hasta todo una habitación o patio de una vivienda, y donde no pueden faltar fotografías del muertito y las “ceras” al pie de la escalinata.
Así empieza una visita a una de las tradicionales ofrendas domiciliarias en los pueblos de Cuajimalpa de Morelos, y que son parte de las festividades por el Día de Muertos, donde el hogar familiar es el sitio principal, después de los cementerios, donde se da la bienvenida y convivio con familiares y amigos que han partido, pero que desde el 31 de octubre ya rondan sus casas para ver la preparación de su recibimiento con la comilona y “beberecua” que habrá en la fiesta…
Además de las 41 colonias que conforman la Delegación Cuajimalpa de Morelos, en ésta se encuentran sus pueblos fundadores (San Lorenzo Acopilco, San Mateo Tlaltenango y San Pablo Chimalpa) donde gracias a sus raíces tepanecas, se ha logrado que persistan algunas tradiciones y costumbres que datan de la época prehispánica, como lo es el recibir, honrar y festejar a los muertos.
En esos sitios la celebración por el hecho de que sus parientes finados tengan permiso de estar en el mundo de los vivos, inicia desde el 31 de octubre, cuando comienzan los preparativos para arreglar la casa donde nadie debe estar de mal humor ni haber pleitos, ya que la ofrenda debe hacerse con alegría y amor para estar lista al inicio del primero de noviembre, ya que por la mañana se debe ir en familia al cementerio para vestir las tumbas de los parientes.
La importancia de la Ofrenda de Muertos y la “cera”
Tras el primer festejo en el camposanto, donde se depositan flores, alimentos, dulces, bebidas y hasta algunos regalos, los pobladores alegran el lugar con la música de tríos y mariachis, antes de regresar a sus hogares donde “ya debe estar” el pariente que dejó la tumba listo para fiesta que durará dos días, y en la que se recibirá y dará de comer y beber a todo visitante que acuda a ofrecer su respeto y buena voluntad por el “muertito”.
Esta visita no es simplemente llegar y sentarse, si se es familiar o amigo del “festejado”, éste tiene la obligación moral de llevar una “cera” (la cual viene a ser un cirio de unos tres a cinco centímetros de grosor por 50 a 60 de largo).
En este acto, se demuestra el afecto y buenos deseos hacia el finado, pues además de la flama de la cera indica el camino hacia el hogar donde se le espera, éste beberá de la luz de la llama que le ayudará en su camino espiritual y sabrá quién le hizo este gran regalo, por lo que, en agradecimiento, pedirá por éste y le ayudará en lo que pueda desde el más allá.
La razón de este tipo de cirios, es que además de permanecer encendido hasta el último minuto del segundo día de fiesta, se guardará para que cada primero de mes o fecha en que se conmemore el deceso, sean nuevamente encendidas frente a un altar o, en muchos casos, en la misma ofrenda que permanece por tiempo indefinido.
Comúnmente, esta tradición se realiza a lo largo de siete años, pues es el tiempo en que un espíritu se purifica por completo y sale del purgatorio para ir junto al Creador; sin embargo, hay quienes por sus actos, esta espera puede durar mucho más.
Quienes no conocieron al difunto también pueden pasar a conocerlo y acompañarlo en su ofrenda con un regalo que puede ser algún platillo con comida, un refresco, botella de tequila, aguardiente o un jarrón con pulque natural o “curadito” para compartir con los presentes, incluido el muertito, acompañados con una amena charla y rezos.
El recién llegado es bien recibidos por los propietarios, quienes entre otros platillos, ofrecen tamales de sal bañados con mole recién preparado en su mezcla y molienda en metate, por mujeres que en muchos casos se colocan junto a la ofrenda con grandes cazuelas de comida, así como con bebidas de todo tipo.
Panes y roscas de muerto, platillos diversos, frutas, dulces, juguetes y bebidas, entre otros detalles que apreciaba el festejado, abundan en las ofrendas donde no debe faltar la música interpretada por músicos en vivo o de algún reproductor.
Luego de unos minutos u horas de plática, oraciones, comida y bebidas, es tiempo de retirarse con el respectivo “itacate” que ofrecen los de la casa y que es una ofensa el rechazarlo, para proseguir con la visita de ofrendas a otras viviendas, con su respectiva cera, hasta que llegue el amanecer y continuar el desayuno al pie de una ofrenda para tomar fuerzas y seguir el festejo hasta que termine el día y los difuntos regresen a donde pertenecen.
COORDINACIÓN DE COMUNICACIÓN SOCIAL
CUAJIMALPA DE MORELOS
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